Día del Psicólogo y la Psicóloga: Vocación, reparación y humanidad al servicio de la infancia

Cada 9 de diciembre conmemoramos el Día del Psicólogo, una fecha para reconocer a quienes, desde su profunda vocación, dedican su vida a acompañar los procesos emocionales, sociales y afectivos de las personas. En CORPRIX, esta celebración adquiere un sentido especial, porque nuestros psicólogos y psicólogas trabajan día a día por el bienestar de niños, niñas y adolescentes que han vivido experiencias de vulneración, siendo pilares fundamentales en su camino hacia la reparación y la esperanza.

Desde el enfoque de derechos, su labor promueve el bienestar integral, la restitución emocional y la construcción de proyectos de vida significativos. Cada intervención está guiada por el respeto a la dignidad y la singularidad de la infancia, entendiendo que acompañar no es dirigir, sino sostener, escuchar y reconocer en cada niño y niña un sujeto activo de su propia historia.

El trabajo psicológico en CORPRIX se desarrolla de manera interdisciplinaria, en diálogo permanente con educadores, trabajadores sociales y otros profesionales, fortaleciendo una mirada integral que permite abordar cada historia desde múltiples dimensiones. Esta colaboración enriquece los procesos terapéuticos y reafirma el compromiso institucional con una atención centrada en las necesidades y potencialidades de cada niño o adolescente.

A su vez, cada profesional encarna una profunda ética del cuidado, donde la sensibilidad, la empatía y la presencia constante se vuelven herramientas esenciales. En contextos de alta complejidad emocional, su compromiso cotidiano se expresa en gestos silenciosos: en la palabra oportuna, en la escucha que repara, en la contención que devuelve seguridad y sentido.

Por eso, hoy celebramos y agradecemos a cada psicólogo y psicóloga de CORPRIX por su vocación, humanidad y compromiso ético. Su tarea no se limita al acompañamiento clínico: es una apuesta diaria por la transformación y la esperanza.

Porque cada proceso terapéutico es también un vuelo compartido: el instante en que un niño vuelve a desplegar sus alas, acompañado por quienes creen en su posibilidad de sanar.

 

 

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